
Frotarse o rascarse los ojos es un comportamiento bastante frecuente en perros y gatos. En algunos casos, puede ser perfectamente normal, como cuando una pequeña mota de polvo o un pelo ha irritado la superficie del ojo, o simplemente tras un paseo en un entorno ventoso o polvoriento. No obstante, cuando este gesto se vuelve repetitivo, intenso o va acompañado de otros signos, puede indicar un problema que requiere la atención de un veterinario.
Las causas de este frotamiento son diversas. Las alergias son una de las más frecuentes: pueden provocar picor, lagrimeo, enrojecimiento o incluso hinchazón de los párpados. Las infecciones o inflamaciones, como la conjuntivitis o la queratitis, suelen causar molestias duraderas y pueden complicarse rápidamente si no se tratan. En algunos animales, la sequedad ocular es la responsable de frotamientos repetidos. Los ojos no están suficientemente lubricados, lo que provoca irritación e incomodidad. Por último, aunque sea menos habitual, un cuerpo extraño, como un grano de polvo, una brizna de hierba o arena, puede provocar un frotamiento intenso, a veces acompañado de parpadeos frecuentes o secreciones.
Es importante observar detenidamente el comportamiento de su animal e identificar los signos de alerta. Si el frotamiento se vuelve frecuente, si los ojos están rojos, hinchados, lagrimosos o si el animal muestra una sensibilidad inusual a la luz, es momento de consultar. Una intervención rápida permite establecer un diagnóstico preciso e implementar el tratamiento adecuado, ya sean lágrimas artificiales, lubricantes, colirios antiinflamatorios o antibióticos, u otros cuidados específicos según la causa. Cuanto antes se detecte el problema, más fácil será evitar complicaciones graves, como úlceras corneales, infecciones crónicas o daños permanentes en la visión.
Antes de la consulta, algunos gestos sencillos pueden ayudar a limitar las molestias de su mascota. Por ejemplo, enjuagar suavemente el contorno de los ojos con una solución oftálmica adecuada puede eliminar las partículas irritantes. Mantener un entorno limpio y limitar la exposición a alérgenos en el hogar, como el polvo, el polen o el humo, también contribuye a reducir la irritación. En el caso de animales de pelo largo, un cuidado regular alrededor de los ojos ayuda a prevenir la acumulación de suciedad que podría agravar el roce.
Por último, comprender y observar el lenguaje corporal de su compañero es esencial para proteger su salud ocular. Aunque un frotamiento ocasional pueda ser benigno, una vigilancia diaria y atención a los cambios de comportamiento permiten detectar rápidamente cualquier problema e intervenir a tiempo. Con un seguimiento atento y cuidados adaptados, contribuye a preservar el confort y la visión de su perro o su gato, evitando al mismo tiempo complicaciones que podrían afectar duraderamente a su salud.






